Mostrando las entradas con la etiqueta sindicalismo moderno. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta sindicalismo moderno. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2026

Elementos para el trabajo sindical

 

Mural: El agua, origen de la vida y la lucha de clases,  Diego Rivera.

La presente reflexión parte del reconocimiento del profundo declive organizativo que ha experimentado la clase obrera en México como consecuencia del control corporativo, el oportunismo de los liderazgos sindicales y la implantación de una concepción funcionalista del conflicto social. Dicho proceso ha vaciado de contenido político a los sindicatos, transformándolos, en muchos casos, en instrumentos de mediación al servicio de intereses ajenos y extraños a los trabajadores.

El sindicato es un instrumento de la lucha de clases que además de buscar suprimir el sistema de trabajo asalariado, agrupa a los trabajadores para la defensa de sus intereses o reivindicaciones vitales o fundamentales y cotidianas o del momento [1]. En en el terreno económico es una organización de resistencia que defiende los intereses mediatos e inmediatos de los asalariados. Los sindicatos son un punto de apoyo cuando los trabajadores defienden el derecho colectivo a condiciones de trabajo decentes, salarios dignos, estabilidad laboral; y con pactos temporales garantizan el acceso subsidiado a servicios públicos de seguridad y previsión social o enarbolan la lucha por el derecho a la vivienda, cultura y educación públicaEn este sentido, los sindicatos son clasistas porque expresan con claridad la contradicción estructural entre capital y trabajo.

En contraste la patronal siempre ha buscado desarticular la vida orgánica de los sindicatos. Por ello, desde la segunda mitad del siglo XX a la fecha, los empresarios promovieron entre los sindicalistas intereses ajenos y extraños a los trabajadores a través de prácticas calificadas de oportunistas, burocráticas y corruptas. Una vez debilitados los sindicatos se convierten en correas de transmisión de los intereses patronales que consisten en afianzar la rentabilidad del capital y el reforzamiento del poder de las compañías [2]

Otro elemento que debilitó el trabajo sindical es que las clases dominantes engañaron a las clases empobrecidas jugando con su ignorancia y el miedo a la pobreza. Los engañaron argumentando que para dejar de vivir en la pobreza era más conveniente renunciar a la lucha por su emancipación y conciliar sus intereses de clase a cambio de garantizar una vida decorosa. La aparente movilidad social ocasionó, por un lado, que los sectores menos avanzados de la clase obrera abandonaran las causas sociales por comodidad y, por otro lado, que muchos sindicatos clasistas se convirtieran en una burocracia dedicada a la promoción del dialogo social y escamoteo de los derechos adquiridos.

Éste subterfugio de la movilidad social sostiene que la diferencia entre clases sociales es el poder adquisitivo o capacidad de consumo de una persona y no de acuerdo al lugar que se ocupa en las relaciones sociales de producción. De ahí que se crea factible transitar de una clase baja a una clase media o alta con solo aumentar tu poder adquisitivo por encima del ingreso promedio de la clase a la que se pertenece; lo cual no altera la relación entre capital y trabajo del modo de producción capitalista. 

La implantación de la teoría del dialogo social es el vehículo con el cual se logró introducir el apoliticismo en los sindicatos. La decisión de renunciar a la confrontación directa de clase contra clase y de optar por el dialogo social significó renunciar a la teoría marxista de la lucha de clases y asumir la teoría burguesa de colaboración de clases. En efecto, dicha teoría ha sido funcional a los intereses de la patronal, ya que a través de ella se ha promovido entre los trabajadores la idea de eludir la confrontación frente a la agresión. De ahí que, a espaldas de sus compañeros de trabajo, los oportunistas prefirieran sacar provecho de los conflictos laborales pactando con la patronal.

Otra causa del profundo debilitamiento de los sindicatos es la corrupción derivada de los buenos negocios y pactos de damas y caballeros que penetró las estructuras sindicales cuando se comenzó a premiar a los dirigentes más obedientes y a los trabajadores más leales a la patronal. Los premios tenían como objetivo corporativizar a la base trabajadora mientras se reforzaba la idea de combatir la desigualdad social por medio de reformas al sistema social que las produce. 

En conjunto, estas acciones contribuyeron a la intensificación de la explotación de los trabajadores que representaban los sindicatos y, además, con todos estos métodos crearon entre la base trabajadora un clima fatalista, de aceptación del “mal menor”, es decir, la reducción de los salarios o las horas de trabajo a fin de no perder los puestos de trabajo.”[3] De este modo sucedió la conversión de los sindicatos clasistas en “…estructuras burocráticas e “instituciones” de mediación entre los trabajadores y el estado burgués, otorgando su conformidad a los patrones para golpear a todas las voces de lucha en el nivel primario – en las fábricas, empresas y lugares de trabajo”[4]. La traición se organizo por la burocracia sindical.

En suma, la insidiosa política del dialogo social corrompió a las directivas sindicales dejando sin razón de ser a los sindicatos, a sabiendas de que todo lo que se desvía de su propósito decae para luego perecer con el tiempo. De igual manera el engaño de la movilidad social apaciguó los ánimos de los trabajadores al inculcarles una actitud tolerante y sumisa ante cualquier injusticia o mal trato.

Esbozadas las causas del declive organizativo de la clase obrera hay que exponer en un sentido práctico los principios que rigen al sindicalismo clasista, democrático, unitario, moderno e independiente para hacer frente a los estragos ocasionados por la implantación de la teoría del diálogo y cooperación social, que han venido utilizando las clases dominantes para gestionar los conflictos y garantizar el control efectivo de las masas en todo el mundo.

La democratización de la vida interna y la construcción de la unidad de la clase obrera al interior de los sindicatos tiene como principal dificultad la existencia de tendencias confrontadas en una guerra de posiciones. En ese sentido los distintos bandos desarrollan, de manera consciente o no, su actividad sindical conforme a la lógica de la guerra de posiciones, que tradicionalmente consiste en la concentración de fuerza en posiciones estratégicas que una vez tomadas se defienden con la intención de iniciar una guerra de desgaste que aumenta el número de bajas y arruina moralmente al enemigo. Pero en el ámbito sindical consiste principalmente en conquistar las asambleas, secciones, comisiones y otros cargos de elección popular para convertirlas en posiciones defensivas, pues de este modo se contiene de manera escalonada el avance del enemigo en la toma de posiciones. 

En la actualidad los charros controlan estos espacios que funcionan como reservas estratégicas para frenar escalonadamente la desarticulación del sistema de control obrero de la patronal. De modo que intentar tomar el poder, sin contar con puntos de apoyo firmes no haría más que retrasar el cumplimiento del objetivo estratégico; y en caso de lograrlo, la restauración de la democracia  virtual y fácilmente minada. Es por ello que se deben establecer tácticas orientadas a socavar de manera suficiente la organización de los enemigos de clase para alterar la desventajosa correlación de fuerzas y una estrategia dirigida a recuperar el control total de cada uno de los puestos de representación colectiva para acrecentar la influencia de la tendencia democrática.

Lo dicho hasta aquí supone un gran esfuerzo de investigación, estudio y divulgación adecuada de información suficiente como para articular un plan capaz de unificar y guiar un movimiento estructurado de base a pesar de las coyunturas internas e influencias externas.

Ahora bien el punto de partida en la construcción de un movimiento unitario, democrático y de base comienza por iniciar una revolución desde adentro, es decir aprender a pensar y trabajar de manera colectiva, que en términos prácticos consiste en articular células. Estás estructuras base de organización son grupos de trabajo que toman partido por restablecer o mantener el carácter clasista de un sindicato. 

La importancia de las células se debe a que es el espacio adecuado para practicar la democracia verdadera basada en:

  • El dialogo y debate de diversas expresiones de pensamiento hasta agotar la discusión;
  • La toma de decisiones por consenso o votación; y
  •  La designación de responsabilidades y coordinación operativa de todas las fuerzas en la ejecución de la decisión acordada.

La democracia verdadera nos permite elaborar y perfeccionar las iniciativas, después de consultar la opinión de la mayoría. Positiva o no la opinión de los demás es fundamental conocer la reacción de las personas si lo que buscamos es el bien común. En la práctica una célula puede ejecutar sin problema lo acordado pero eso no significa que los demás compañeros de trabajo los vayan a seguir sin más. De ahí la importancia de aclarar la diferencia entre indicar el camino e invitar a caminar juntos por un mismo objetivo. En una palabra la dirección que impulsan unos para los otros no es más que un consejo o una propuesta que pueden tomar o no para orientarse en la resolución de los problemas comunes a todos. Para simplificar, la democracia toma su tiempo pero es segura.

Otro aspecto a considerar con relación a la dirección elaborada por el núcleo dirigente es que cualquier supuesta acción organizada y consciente se debe basar en evidencia científica y no en meras creencias, sesgos o prejuicios porque de lo contrario la pretensión de lograr el efecto deseado fracasará al chocar con el infranqueable muro de la realidad. Pero en caso de lograr el efecto deseado con la iniciativa propuesta a las masas, como consecuencia de un correcto análisis, el grupo se ganará la confianza de sus compañeros de trabajo y tendrá la legitimidad suficiente como para indicar el camino a seguir. Por tanto, sin la construcción democrática de una orientación correcta basada en evidencia científica no se podrá persuadir más que aun puñado de convencidos pero jamás a las masas; y sin ellas no se pueden llevar a cabo las grandes transformaciones sociales que se escriben en los libros de historia.

Otro aspecto a revisar es garantizar la independencia de clase frente a la influencia de intereses ajenos y extraños a los trabajadores es hacer un profundo y riguroso análisis de la estructura, funcionamiento y dinámica del lugar de trabajo para ofrecer conclusiones de utilidad sobre el asunto de nuestro interés o de cualquier fenómeno social. El primer paso es el blindaje ideológico que comienza por el estudio disciplinado de la teoría y análisis constante de la realidad concreta, ya que nos permite llevar a cabo interpretaciones cada vez más exactas del mundo que nos rodea. Si bien el estudio constante es suficiente para despertar la conciencia, con la práctica se desencadena la modificación del estilo personal de vida y reestructuración de las prioridades en un sentido colectivo, es decir, se aprende a pensar colectivamente para resolver los problemas comunes a todos. Sin embargo, modificar el comportamiento o reorganizar la vida personal para corregir o mejorar prácticas y empatar prioridades personales con el interés colectivo es un proceso en constante contradicción con el sistema de valores individualistas y liberales. Por tal motivo es fundamental que el trabajo sindical de las células se enfoque en lograr que en cada centro de trabajo todos los obreros sean capaces de auto-organizarse, auto-regularse y auto-tutelarse.

Como vemos la independencia se alcanza cuando al interior de un sindicato los trabajadores aprenden a  regular su convivencia y se organizan por cuenta propia para hacer valer sus derechos o defender sus intereses de clase. No obstante, la autonomía se mantiene cuando la clase obrera es capaz de impulsar un proyecto social en concordancia con lo que piensa, dice y hace acerca de la democracia, el progreso y la libertad. Por consiguiente es crucial profesionalizar la actividad sindical .

Respecto a lo que se refiere un sindicato moderno cabe destacar que este es una organización clasista, democrática, unitaria e independiente, ya que sólo partiendo de esos principios se puede superar las prácticas obsoletas del sindicalismo corporativo, oportunista y de la burocracia disociada de la realidad que viven los trabajadores. Es por esto que un sindicato moderno además de atender las necesidades e intereses de sus afiliados o solucionar los conflictos laborales; se preocupa por formar nuevos dirigentes y garantizar el relevo generacional con la formación política de los más jóvenes y de todos los interesados en mantener la democracia y libertad sindical, con el único fin de suprimir el sistema de trabajo asalariado.

Por todo lo expuesto, la reconstrucción del sindicalismo clasista en México requiere: primero, romper con la lógica del diálogo social y la corrupción burocrática; segundo, democratizar la vida sindical mediante células autónomas que practiquen la deliberación y el consenso; tercero, garantizar la independencia de clase a través del estudio riguroso de la realidad concreta; y cuarto, profesionalizar la actividad sindical con relevo generacional. Sin estos cuatro ejes, cualquier intento de renovación naufragará en el corporativismo o en el voluntarismo estéril. La alternativa es clara: democracia real contra burocracia, unidad de clase contra división oportunista, acción consciente contra fatalismo. 

 


[1] Paredes Macedo, Saturnino. Los sindicatos clasistas y sus principios. Edit. Bandera Roja. Lima, Perú. 1972. Pág. 2.

[2]Jaime, Lorena. Federación Sindical Mundial: ¿Qué es y qué quiere?, temas ideológicos y políticos del Movimiento Sindical Internacional: 16 discursos a cargo del Secretario General, George Mavrikos. Edit. Oficina Regional de la FSM para África. Segunda edición – 2016. Johannesburgo, Sudáfrica. Pág. 104

[3] Ibidiem. Pág. 123.

[4] Ibidiem. Pág. 122.              

sábado, 19 de septiembre de 2020

Hegemonía cultural y desmantelamiento de la memoria obrera en México

Mural: La marcha de la humanidad, David Alfaro Siqueiros.

La marcha de la humanidad no se detuvo, pero intentaron hacernos creer que sí. ¿Recuperamos la memoria o la dejamos morir?



La marcha de la humanidad de David Alfaro Siqueiros es un mural que buscó dejar un legado cultural para las nuevas generaciones porque representa la evolución de la conciencia de libertad y de justicia en la historia de Latinoamérica. No obstante, durante el llamado periodo neoliberal en México diversos actores políticos y mediáticos intentaron desmantelar la memoria colectiva y proclamar el fin de la historia, aunque la realidad fuera otra, para borrar del imaginario colectivo la idea de que la humanidad continua marchando hacia la revolución del futuro . 

Las generaciones que se formaron una visión del mundo dentro de este periodo de hegemonía neoliberal vivieron tiempos en los que el gobierno federal restó importancia, en los programas educativos, a los movimientos obreros, campesinos y nacionalistas que provocaron cambios profundos en la vida pública de nuestro país.

De manera que no es enteramente casual que una parte de la juventud mexicana de la generación milenial o Z le resulte extraño que los movimientos obreros y campesinos que conocen se movilicen fuera de los marcos ideológicos de los discursos oficiales contemporáneos, incluso de aquellos que se reclaman herederos de esas luchas. El extrañamiento responde en buena medida al trabajo realizado por ciertos medios de comunicación destinados a tergiversar la historia de los que luchan por democracia, justicia y bienestar para todas y todos. Por lo que despertar el interés por el legado cultural de nuestro pueblo es decisivo para contribuir a la comprensión de su valor social. 

En primer lugar, la cultura es un conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo. Sin embargo, en toda sociedad dividida en clases, la cultura que se difunde masivamente no es un reflejo neutral del "pueblo", sino aquella versión que tiende a legitimar los intereses de quienes controlan los medios de producción simbólica.  Una concepción distinta, que comprende el valor social de la cultura, es la que ofrece el constitucionalista Alejandro del Palacio Díaz:
 

“Cultura es cultivo, cultivo del hombre que empieza con la agricultura, con el cultivo del campo que le permite al ser humano volverse sedentario e iniciar la civilización. Por la agricultura el hombre finca las condiciones para acumular su saber y experiencia adquiridos, transmitiendo de generación en generación el fruto de su propio cultivo, de su cultura.

La agricultura, igual que todo cultivo posterior, incluidos la ciencia y el arte, cobra sentido en tanto sustenta al hombre y sirve para su desarrollo y evolución para la actualización racional de sus capacidades, que implica el cultivo de aquello que estima valioso. Cultura es, en esencia, cultivo de valores, cuyo contenido y amplitud varían a lo largo de la historia.”[1]

De acuerdo a esta definición la promoción y difusión de la cultura debería garantizar el pleno desarrollo de todos los mexicanos y no de intereses ajenos al bien común. Pero lo cierto es que la cultura efectivamente difundida a través de instituciones de alcance masivo omite de manera sistemática los hechos que dan cuenta de la independencia política de la clase obrera, así como de su contribución en la lucha por materializar los aspectos más progresistas del proyecto social plasmado en la Constitución de 1917.

Para ilustrar mejor el modo en el que se llevan acabo este tipo de omisiones en libros de historia, programas educativos, etc. se debe hacer notar que en muchos casos no se concibe a la sociedad mexicana como un sistema orgánico de clases sociales diferenciadas por el lugar que ocupan en las relaciones sociales de producción capitalistas. 

Por ejemplo, es poco conocido entre la mayoría de la población que el estallido del conflicto laboral entre el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana y las compañías petroleras fue la causa de lo que luego se convertiría en un conflicto directo entre el gobierno mexicano y las empresas transnacionales, ya que estas se resistían a cumplir con el fallo a favor de los obreros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Es por ello que la resolución del conflicto solo fue posible mediante el decreto de expropiación petrolera del 18 de marzo de 1938 del presidente Lázaro Cárdenas del Río y la intervención decisiva de los sindicalistas, que desde el interior de las empresas participaron en la expropiación legal de armas, instalaciones, edificios, refinerías, oleoductos, embarcaciones, etc. de compañías petroleras como la Standard Oil Company.  

Otro caso donde también se omite o menos precia la participación de las masas son las relacionadas al reparto agrario donde principalmente campesinos indígenas se enfrentaron al poder de los hacendados y caciques regionales. No obstante, los beneficios de las conquistas sociales solo han beneficiado a unos cuantos y cada merecido logro del pueblo trabajador ha sido atribuido al gobierno en turno.

Ya sea en un caso u otro las hazañas de los explotados y oprimidos son omitidas por las clases dominantes al momento de hacer memoria y escribir la historia de un pueblo dividido por la propiedad privada sobre los medios de producción. 

Es así como la burguesía manipula la historia de los pueblos para imponer su tersa visión del desarrollo histórico de un país que no puede ocultar los numerosos mártires, masacres y, sobre todo, hazañas.

La razón por la cual se evita esta forma de concebir la estructura de la sociedad civil es porque la actual clase gobernante conquistó la hegemonía cultural con el fin de hacerla corresponder a sus intereses y sostener frente a las clases subalternas su posición dirigente. 

En consecuencia la visión del pasado de la mayoría de la población se encuentra constreñida a la forma de concebir el mundo de la clase burguesa, lo cual no admite concesión alguna a la memoria de la clase obrera.

En vista de que no es casual la desatención histórica sobre los logros alcanzados durante el siglo XX por las obreras de la fabrica Medalla de Oro; la conveniente omisión de algunas canciones de protesta escritas por Judith Reyes, Gabino Palomares y Enrique Molina entre otros; la tergiversación del digno movimiento zapatista; la discontinuación de libros que narran procesos de insurgencia sindical como el “Escuadrón de Hierro” de Elías Barrios, entre otros. Esto no significa que no existan esfuerzos aislados por rescatar la memoria obrera y campesina, pero su alcance ha sido marginal frente a la omisión sistemática. Por ello es normal que hoy en día la juventud tenga una visión sesgada de diversos acontecimientos históricos.

Tal modo de concebir la historia le atribuye los grandes avances y logros sociales de México a un puñado de personajes como lo son Benito Juárez, Porfirio Díaz, Venustiano Carranza o Lázaro Cárdenas mientras, en beneficio de la hegemonía capitalista, omiten las tragedias del pueblo bajo su gobierno.

 Es por ello que ante la duda de quién fue en realidad quien luchó contra los conservadores; defendió la patria de las intervenciones extranjeras; construyó las vías férreas o quiénes fueron los que con más empeño pugnaron por establecer en la Constitución los artículos 3°, 27° y 123° se puede asegurar que en realidad fueron las masas trabajadoras del campo y la ciudad quienes asumieron con mayor compromiso social la responsabilidad de construir un mundo distinto a lo hasta entonces conocido.

En efecto, tal diferencia da pie a dos puntos de vista de la historia nacional donde, por un lado, resalta el papel de la clase gobernante y, por el otro, se menosprecia la actuación de las clases sociales acusadas de disolución social.

Luego, si aceptamos que durante un largo periodo de la humanidad la información no circuló con la misma facilidad que existe en la actualidad y que las clases dominantes siempre se han esforzado por tergiversar las fuentes y castrar las partes integrantes de la cultura nacional podemos tener una idea clara del reto titánico que representa lograr la democracia en la ignorancia sin antes vencer la democracia de la pobreza. De igual modo es posible que éste complejo estratagema no solo se haya diseñado para confundir ideológicamente al destacamento mexicano del proletariado, sino también restaurar a nivel nacional la hegemonía mundial capitalista, que antes de la desaparición del campo socialista obligó a muchos gobiernos del llamado mundo libre a convertirse en dictaduras cívico militares. En otras palabras esta renovada dominación ideológica pretende convertirnos en siervos de las empresas y en colaboradores oportunistas del patrón, puesto que esta visión burguesa combina la cultura de los que se enseñaron a ser tiranos y opresores en las compañías agrícolas e industriales y la cultura de la sumisión que germinó en las mentes de los hombres sencillos las ideas del explotador.

En conclusión, durante el periodo neoliberal, el gobierno fue responsable de mediatizar la difusión y promoción de la cultura pero, a fin de jamás renunciar a la verdad histórica, también considero importante que, en especial, la juventud mexicana no solo cuestione e identifique los intereses que persigue la historia oficial; sino que también fortalezca su pensamiento crítico y aprenda a tomar decisiones basados en el análisis concreto de la realidad históricatarea que implica informarse y concientizar a más jóvenes, para apresurar su reencuentro con el pasado antes de que se pierda en el olvido un legado de más de 150 años de historia de lucha obrera y campesina por techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia y libertad.

 


[1] del Palacio Díaz, Alejandro. Nuevas Lecciones de Teoría Constitucional. Edit. CEID. 2017. México. Pág. 167-168.

domingo, 26 de julio de 2020

Una revolución dsde adentro.

Entre los fundadores se encuentra Vicente Lombardo Toledano

Grabado: Fundación de la FSM, Taller de Gráfica Popular.




En atención a la celebración del 75 aniversario de la Federación Sindical Mundial se pública la siguiente reflexión esperando contribuya a continuar el mismo camino unitario, clasista e internacionalista que con honor, dignidad y sin concesiones ha seguido la FSM desde 1945. 
__________________________________________________________
 
“La tarea que le corresponde al hombre y en la que jamás podrá ser desplazado por la máquina es la de pensar sin ninguna determinación previa. Su libertad esencial consiste en la posibilidad de relacionar pensamientos según su decisión propia.”
Luis Alberto Machado.


Esta reflexión retoma la pauta que ha revolucionado desde adentro a la clase trabajadora que entendiéndose como parte de una clase social aprenden a pensar colectivamente y a decidir democráticamente para superar las limitaciones individuales que les impide comprender a cabalidad el verdadero significado y papel de los sindicatos en la lucha por la eliminación del sistema de trabajo asalariado.

En ese sentido hay que considerar un par de experiencias, derivado de la Revolución Socialista de Octubre en 1917, con el objetivo de hacer notar lo inútil que es intentar resolver un problema común por cuenta propia basado en un sistema individualista de valores que influye en el pensar y el que hacer individual.

En primer lugar, la la Federación Sindical Mundial (FSM) es la experiencia más importante del sindicalismo moderno que emergió en 1945 como resultado de un torrente revolucionario que derrotó al fascismo Alemán. Desde la fundación de la FSM a la fecha, se ha distinguido de otras centrales sindicales por su carácter clasista, unitario, democrático, moderno e independiente; además de conservar gran influencia en el movimiento obrero, cuenta junto con la Confederación Sindical Internacional (CSI), el mayor exponente del reformismo al interior del movimiento sindical, plenas facultades consultivas ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
 
Algunos de los principales logros de la FSM ante la OIT han sido los grandes avances en las normas internacionales del trabajo en materia de los derechos humanos laborales; condiciones de trabajo; seguridad social y derechos particulares referentes a los trabajadores de edad, mujeres, menores, migrantes, indígenas, poblaciones tribales, etc.

Con relación a esta experiencia, cabe destacar que los principios rectores de la FSM son la expresión concreta de la teoría marxista operando orgánicamente al interior del movimiento obrero, toda vez que la organización y toma de decisiones basada en los principios del centralismo democrático ha potenciado su capacidad de extraer, combinar y dar sentido a una enorme cantidad de datos sobre las necesidades y demandas de la base trabajadora. De tal modo que le es posible a la FSM dirigir la lucha por los derechos del trabajo a nivel internacional.
 
De esta primera experiencia, a diferencia de lo que se promueve en la cultura popular, se infiere que la organización de las masas trabajadoras sí ha obtenido conquistas laborales; las cuales se consideran auténticas banderas de resistencia activa contra la aplicación de leyes injustas y frente a la restauración del capitalismo y las nuevas condiciones de la dictadura burguesa.

No obstante, de acuerdo con las circunstancias nacionales, la asociación colectiva de los trabajadores es tan compleja como el funcionamiento simultáneo de computadoras modernas interconectadas para cumplir un fin preestablecido por un grupo de programadores; por tanto, pareciera imposible llevar a cabo empresas tan grandes como en otros países. Sin embargo, esto no es cierto, puesto que la FSM es dirigida por personas de carne y hueso, es decir, por obreros que decidieron tomar al toro por los cuernos.

En segundo lugar, y por lo que se refiere a nuestra intención de lograr recabar, manejar y dar un sentido político a las demandas inmediatas en cualquier lugar donde sea necesario, se considera necesario revolucionar nuestra inteligencia, lo cual significa aprender a eliminar viejos conceptos, esto es, dejar en el pasado lo viejo para aprender lo nuevo. En concreto, lo que se debe hacer es suprimir lo obsoleto y conservar lo útil del pensamiento individualista para dar el salto, es decir aprender esta nueva forma de pensar más social.

Para comprender mejor cómo es esta revolución desde adentro pondré por caso el método usado por Iósif V. Stalin que, según la prestigiosa periodista norteamericana Anna Louise Strong, consiste en “sacar decisiones rápidas de los cerebros de muchas personas. Dicho método Stalin (Stalin's method) es descrito, por Anna, de la siguiente manera:


“La gente soviética tiene una forma de decirlo que suena bastante extraño para los estadounidenses. "Stalin no piensa individualmente", dicen. Es exactamente lo contrario del  “individualismo más grotesco”. Pero lo dicen como el cumplido más alto. Quieren decir que Stalin piensa no sólo con su propio cerebro, sino en consulta con los cerebros de la Academia de Ciencias, los jefes de la industria, el Congreso de Sindicatos, los líderes del Partido. Los científicos utilizan esta forma de pensar; así lo hacen los buenos sindicalistas. No "piensan individualmente"; no se basan en las conclusiones de un solo cerebro. Es una característica muy útil, ya que ningún cerebro humano hoy en día es lo suficientemente grande como para decidir los problemas complejos del mundo. Sólo la combinación de muchos cerebros que piensan juntos, no en conflicto, sino en cooperación, puede manejar con seguridad los problemas de hoy.”[1]

En consecuencia, utilizar dicho método contribuye a potenciar nuestra capacidad individual al momento de tomar decisiones, pues solo cuando se construye de manera colectiva el pensamiento es posible concebir y relacionar elementos tan diversos y profundos. Así mismo, la unión de diversas personas con puntos de vista distintos que trabajan democráticamente en un mismo sentido tiene mayor posibilidad de encontrar la solución correcta a los problemas que les son comunes. Por consiguiente, conquistar la democracia y libertad en el mundo del trabajo y en general encuentran su solución no solo en la nueva forma de pensar más social, sino también en la construcción democrática del pensamiento colectivo al momento de tomar decisiones. 
 
En síntesis, la experiencia de la FSM y el método stalinista de pensamiento colectivo nos enseñan que la organización democrática y clasista de los trabajadores no es una utopía, sino una necesidad práctica. Por tanto, aprender a pensar con los cerebros de muchas personas para lograr cambios positivos a partir de la construcción de respuestas colectivas a problemas comunes es el punto de partida para transformar el barro del presente en el cimiento de un futuro sin explotación.
 
 

[1] Louise Strong, Anna. The Soviets Expected It. Edit. The Dial Press. New York. 1941. pag. 33.