En atención a la celebración del 75 aniversario de la Federación
Sindical Mundial se pública la siguiente reflexión esperando contribuya a
continuar el mismo camino unitario, clasista e internacionalista que
con honor, dignidad y sin concesiones ha seguido la FSM desde 1945.
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“La tarea que le corresponde al hombre y en la
que jamás podrá ser desplazado por la máquina es la de pensar sin ninguna
determinación previa. Su libertad esencial consiste en la posibilidad de
relacionar pensamientos según su decisión propia.”
Esta reflexión retoma la pauta que ha revolucionado desde
adentro a la clase trabajadora que entendiéndose como parte de una clase social aprenden
a pensar colectivamente y a decidir democráticamente para superar las
limitaciones individuales que les impide comprender a cabalidad el
verdadero significado y papel de los sindicatos en la lucha por la eliminación
del sistema de trabajo asalariado.
En
ese sentido hay que considerar un par de experiencias, derivado de la Revolución
Socialista de Octubre en 1917, con el objetivo de hacer notar lo inútil que es
intentar resolver un problema común por cuenta propia basado en un sistema
individualista de valores que influye en el pensar y el que hacer individual.
En
primer lugar, la la Federación Sindical Mundial (FSM) es la experiencia más importante del sindicalismo
moderno que emergió en 1945 como
resultado de un torrente revolucionario que derrotó al fascismo Alemán. Desde la fundación de la FSM a la fecha, se ha distinguido de otras centrales sindicales por su carácter clasista, unitario, democrático, moderno e independiente; además de conservar gran influencia en el movimiento obrero, cuenta
junto con la Confederación Sindical Internacional (CSI), el mayor exponente del
reformismo al interior del movimiento sindical, plenas facultades consultivas
ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Algunos
de los principales logros de la FSM ante la OIT han sido los grandes
avances en las normas internacionales del trabajo en materia de los derechos humanos laborales; condiciones de trabajo; seguridad social y derechos
particulares referentes a los trabajadores de edad, mujeres, menores,
migrantes, indígenas, poblaciones tribales, etc.
Con
relación a esta experiencia, cabe destacar que los principios rectores
de la FSM son la expresión concreta de la teoría marxista operando orgánicamente al interior del
movimiento obrero, toda vez que la organización y toma de decisiones
basada en los principios del centralismo democrático ha potenciado su capacidad de extraer, combinar y dar sentido a una
enorme cantidad de datos sobre las necesidades y demandas de la base trabajadora. De tal
modo que le es posible a la FSM dirigir la lucha por los derechos del trabajo a nivel
internacional.
De esta
primera experiencia, a diferencia de lo que se promueve en la cultura popular,
se infiere que la organización de las masas trabajadoras sí ha obtenido conquistas laborales; las cuales se consideran auténticas
banderas de resistencia activa contra la aplicación de leyes injustas y frente a la restauración del capitalismo y las nuevas
condiciones de la dictadura burguesa.
No
obstante, de acuerdo con las circunstancias nacionales, la
asociación colectiva de los trabajadores es tan compleja como el funcionamiento
simultáneo de computadoras modernas interconectadas para cumplir un fin
preestablecido por un grupo de programadores; por tanto, pareciera imposible llevar
a cabo empresas tan grandes como en otros países. Sin embargo, esto no es cierto, puesto que la FSM es dirigida por
personas de carne y hueso, es decir, por obreros que decidieron tomar al toro
por los cuernos.
En
segundo lugar, y por lo que se refiere a nuestra intención de lograr recabar,
manejar y dar un sentido político a las demandas inmediatas en cualquier lugar
donde sea necesario, se considera necesario revolucionar nuestra
inteligencia, lo cual significa aprender a eliminar viejos conceptos, esto es, dejar en el pasado lo viejo para aprender lo nuevo. En concreto, lo que se debe hacer
es suprimir lo obsoleto y conservar lo útil del pensamiento individualista para dar el salto, es decir aprender esta nueva forma de pensar más social.
Para
comprender mejor cómo es esta revolución desde adentro pondré por caso el
método usado por Iósif V. Stalin que,
según la prestigiosa periodista norteamericana Anna Louise Strong, consiste en
“sacar decisiones
rápidas de los cerebros de muchas personas”.
Dicho método Stalin (Stalin's
method) es descrito, por
Anna, de la siguiente manera:
“La gente
soviética tiene una forma de decirlo que suena bastante extraño para los
estadounidenses. "Stalin no piensa individualmente", dicen. Es
exactamente lo contrario del
“individualismo más grotesco”. Pero lo dicen como el cumplido más alto.
Quieren decir que Stalin piensa no sólo con su propio cerebro, sino en consulta
con los cerebros de la Academia de Ciencias, los jefes de la industria, el
Congreso de Sindicatos, los líderes del Partido. Los científicos utilizan esta
forma de pensar; así lo hacen los buenos sindicalistas. No "piensan
individualmente"; no se basan en las conclusiones de un solo cerebro. Es
una característica muy útil, ya que ningún cerebro humano hoy en día es lo
suficientemente grande como para decidir los problemas complejos del mundo. Sólo la combinación de muchos cerebros que piensan
juntos, no en conflicto, sino en cooperación, puede manejar con seguridad los
problemas de hoy.”[1]
En consecuencia, utilizar dicho método contribuye a
potenciar nuestra capacidad individual al momento de tomar decisiones, pues solo cuando se construye de manera colectiva el pensamiento es
posible concebir y relacionar elementos tan diversos y profundos. Así mismo, la
unión de diversas personas con puntos de vista distintos que trabajan
democráticamente en un mismo sentido tiene mayor posibilidad de encontrar la
solución correcta a los problemas que les son comunes. Por consiguiente, conquistar la democracia y libertad en el mundo del trabajo y en general encuentran su solución no solo
en la nueva forma de pensar más social, sino también en la construcción democrática
del pensamiento colectivo al momento de tomar decisiones.
En síntesis, la experiencia de la FSM y el método stalinista de
pensamiento colectivo nos enseñan que la organización democrática y
clasista de los trabajadores no es una utopía, sino una necesidad
práctica. Por tanto, aprender a pensar con los cerebros de muchas personas para lograr cambios positivos a partir de la construcción de respuestas
colectivas a problemas comunes es el punto de partida para transformar el barro del presente en el cimiento de un futuro sin explotación.
