pensamiento de Azcatl

lunes, 4 de enero de 2021

Por un sindicalismo: clasista, unitario, democrático, independiente y moderno. (Parte 4)

 

Mural: El agua, origen de la vida y la lucha de clases,  Diego Rivera.

La pretensión de esta reflexión es esbozar las causas del declive organizativo de la clase obrera y contribuir a la construcción de un sindicalismo clasista, unitario, democrático,  moderno e independiente capaz de superar las precarias condiciones de trabajo que viven los mexicanos en los diferentes ramos de producción a causa del control corporativo y el oportunismo de los liderazgos.

El sindicato es un instrumento de la lucha de clases que, además de buscar suprimir el sistema de trabajo asalariado, agrupa a los trabajadores para la defensa de sus intereses o reivindicaciones vitales o fundamentales y cotidianas o del momento.[1] En una palabra es una organización de resistencia, que defiende en el terreno económico los intereses mediatos e inmediatos de los asalariados. Así, por ejemplo, es un punto de apoyo cuando defienden el derecho colectivo a condiciones de trabajo decentes, salarios dignos, estabilidad laboral; y con pactos temporales garantizan el acceso subsidiado a servicios públicos de seguridad y previsión social o enarbolan la lucha por el derecho a la vivienda, cultura y educación pública. En resumen, los sindicatos son definidos como clasistas porque tienen una fuerte pertenencia a la clase obrera y conciencia de la diferencia entre clases sociales.

En contraste con lo anterior, desde la segunda mitad del siglo XX, a causa del oportunismo, la burocratización y la corrupción la mayoría de los sindicatos mexicanos se convirtieron en correa de transmisión de intereses ajenos y extraños a los trabajadores, que tienen por fin “afianzar la rentabilidad del capital y el reforzamiento del poder de las compañías”[2]. Estos vicios no solo han minando de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba la vida orgánica de los sindicatos, sino que también desvirtuaron el sentido de los mismos.

Mientras las malas prácticas proliferaban, por otro lado, las clases dominantes jugaron con la ignorancia y el miedo a la pobreza para engañar a los trabajadores bajo el argumento de que era más conveniente renunciar a la lucha por su emancipación y conciliar sus intereses de clase a cambio de garantizar una vida decorosa. Lamentablemente esta promesa fue un medio engañoso y hábil de la patronal para solucionar las demandas de la insurgencia sindical, ya que ésta promesa iba acompañada de una mentira sobre la movilidad social. Por ejemplo, éste subterfugio  ha perdurado hasta la fecha porque sostiene que la diferencia entre clases sociales se basa de acuerdo al poder adquisitivo o capacidad de consumo de una persona y no de acuerdo al lugar que se ocupa en las relaciones sociales de producción. De ahí que se crea factible transitar de una clase baja a una clase media o alta con solo aumentar tu poder adquisitivo por encima del ingreso promedio de la clase a la que se pertenece; lo cual no altera la relación entre capital y trabajo del modo de producción capitalista. Dicho brevemente, la aparente movilidad social ocasionó, por un lado, que los sectores menos avanzados de la clase obrera abandonaran las causas sociales por comodidad y, por otro lado, que muchos sindicatos clasistas se convirtieran en una burocracia dedicada a la promoción del dialogo social y escamoteo de los derechos adquiridos.

A su vez, la implantación de la teoría del dialogo social fue el vehículo con el cual se logró introducir el apoliticismo en los sindicatos. La decisión de renunciar a la confrontación directa de clase contra clase y de optar por el dialogo social significó renunciar a la teoría marxista de la lucha de clases y asumir la teoría burguesa de colaboración de clases. En efecto, dicha teoría ha sido funcional a los intereses de la patronal, ya que a través de ella se ha promovido entre los trabajadores la idea de eludir la confrontación frente a la agresión. De ahí que, a espaldas de sus compañeros de trabajo, los oportunistas prefirieran sacar provecho de los conflictos laborales pactando con la patronal.

Otra causa del profundo debilitamiento de los sindicatos es la corrupción derivada de los buenos negocios y pactos de caballeros. En concreto, la corrupción penetró las estructuras sindicales cuando se comenzó a premiar a los dirigentes más obedientes y a los trabajadores más leales a la patronal. Los premios de la patronal y gobernantes tenían como objetivo corporativizar a la base trabajadora mientras se reforzaba la idea de combatir la desigualdad social por medio de reformas al sistema social que las produce. En suma, la insidiosa política del dialogo social y el engaño de la movilidad social sirvieron a la burguesía para corromper a las directivas sindicales.

En efecto, todo lo ocurrido allanó lo suficiente el terreno como para posicionar a oportunistas cobardes, que contribuyeron a la intensificación de la explotación de los trabajadores que representaban y, además, con todos estos métodos crearon entre la base trabajadora un clima fatalista, de aceptación del “mal menor”, es decir, la reducción de los salarios o las horas de trabajo a fin de no perder los puestos de trabajo.”[3] De este modo sucedió la conversión de los sindicatos clasistas en “…estructuras burocráticas e “instituciones” de mediación entre los trabajadores y el estado burgués, otorgando su conformidad a los patrones para golpear a todas las voces de lucha en el nivel primario – en las fábricas, empresas y lugares de trabajo”[4]. La traición se organizo por la burocracia sindical.

En suma, dicha estrategia apaciguó los ánimos de los trabajadores al inculcarles una actitud tolerante y sumisa ante cualquier injusticia o mal trato mientras que, al mismo tiempo, los desorganizó y dejó sin razón de ser a los sindicatos, a sabiendas de que todo lo que se desvía de su propósito decae para luego perecer con el tiempo.

Esbozadas las causas del declive organizativo de la clase obrera hay que exponer en un sentido práctico los principios que rigen al sindicalismo clasista, democrático, unitario, moderno e independiente para hacer frente a los estragos ocasionados por la implantación de la teoría del diálogo y cooperación social, que han venido utilizando las clases dominantes para gestionar los conflictos y garantizar el control efectivo de las masas en todo el mundo.

 Con relación a democratizar la vida interna y la unidad de la clase obrera se debe aclarar que al interior de los sindicatos es común la existencia de tendencias confrontadas en una guerra de posiciones. En ese sentido los distintos bandos desarrollan, de manera consciente o no, su actividad sindical conforme a la lógica de la guerra de posiciones, que consiste en la concentración de fuerza en posiciones estratégicas que una vez tomadas se defienden con la intención de iniciar una guerra de desgaste que aumenta el número de bajas y arruina moralmente al enemigo. Pero en el ámbito sindical consiste principalmente en conquistar las asambleas, secciones, comisiones y otros cargos de elección popular para convertirlas en posiciones defensivas, pues de este modo se contiene de manera escalonada el avance del enemigo en la toma de posiciones. Por ejemplo, en la actualidad los charros controlan estos espacios que funcionan como reservas estratégicas para frenar escalonadamente la desarticulación del sistema de control obrero de la patronal. De modo que intentar tomar el poder, sin contar con puntos de apoyo firmes no haría más que retrasar el cumplimiento del objetivo estratégico; y en caso de lograrlo, la restauración de la democracia  virtual y fácilmente minada. Es por ello que se deben establecer tácticas orientadas a socavar de manera suficiente la organización de los enemigos de clase para alterar la desventajosa correlación de fuerzas y una estrategia dirigida a recuperar el control total de cada uno de los puestos de representación colectiva para acrecentar la influencia de la tendencia democrática.

 En mi opinión lo dicho hasta aquí supone un gran esfuerzo de investigación, estudio y divulgación adecuada de información suficiente como para articular un plan capaz de unificar y guiar un movimiento estructurado de base a pesar de las coyunturas internas e influencias externas.

Ahora bien el punto de partida en la construcción de un movimiento unitario, democrático y de base comienza por iniciar una revolución desde adentro, es decir aprender a pensar y trabajar de manera colectiva, que en términos prácticos consiste en articular células. Estás estructuras base de organización son grupos de trabajo que toman partido por restablecer o mantener el carácter clasista de un sindicato. La importancia de las células se debe a que es el espacio adecuado para practicar la democracia verdadera basada en:

  • El dialogo y debate de diversas expresiones de pensamiento hasta agotar la discusión;
  • La toma de decisiones por consenso o votación; y
  •  La designación de responsabilidades y coordinación operativa de todas las fuerzas en la ejecución de la decisión acordada.

En efecto, practicar la democracia verdadera nos permite elaborar y perfeccionar las iniciativas, después de consultar la opinión de la mayoría. Positiva o no la opinión de los demás es fundamental conocer la reacción de las personas si lo que buscamos es el bien común. En la práctica una célula puede ejecutar sin problema lo acordado pero eso no significa que los demás compañeros de trabajo los vayan a seguir sin más. De ahí la importancia de aclarar la diferencia entre indicar el camino e invitar a caminar juntos por un mismo objetivo. En una palabra la dirección que impulsan unos para los otros no es más que un consejo o una propuesta que pueden tomar o no para orientarse en la resolución de los problemas comunes a todos. Para simplificar, la democracia toma su tiempo pero es segura.

Otro aspecto a considerar con relación a la dirección elaborada por el núcleo dirigente es que cualquier supuesta acción organizada y consciente se debe basar en evidencia científica y no en meras creencias, sesgos o prejuicios porque de lo contrario la pretensión de lograr el efecto deseado fracasará al chocar con el infranqueable muro de la realidad. Pero en caso de lograr el efecto deseado con la iniciativa propuesta a las masas, como consecuencia de un correcto análisis, el grupo se ganará la confianza de sus compañeros de trabajo y tendrá la legitimidad suficiente como para indicar el camino a seguir. Por tanto, sin la construcción democrática de una orientación correcta basada en evidencia científica no se podrá persuadir más que aun puñado de convencidos pero jamás a las masas; y sin ellas no se pueden llevar a cabo las grandes transformaciones sociales que se escriben en los libros de historia.

Ahora tras dar respuesta a los asuntos relacionados con la democracia y unidad lo que sigue es proponer una solución al problema que representa garantizar la independencia de clase frente a la influencia de intereses ajenos y extraños a los trabajadores. En ese sentido lo pertinente para dar solución al problema es hacer un profundo y riguroso análisis de la estructura, funcionamiento y dinámica del lugar de trabajo con relación al sistema capitalista, pues de ese modo podemos contar con la precisión suficiente como para ofrecer conclusiones de utilidad sobre el asunto de nuestro interés o de cualquier fenómeno social. De modo que el armado del blindaje ideológico comienza por el estudio disciplinado de la teoría y análisis constante de la realidad concreta, ya que nos permite llevar a cabo interpretaciones cada vez más exactas del mundo que nos rodea.

Si bien el estudio constante es suficiente para despertar la conciencia, con la práctica se desencadena la modificación del estilo personal de vida y reestructuración de las prioridades en un sentido colectivo, es decir, se aprende a pensar colectivamente para resolver los problemas comunes a todos. Sin embargo, modificar el comportamiento o reorganizar la vida personal para corregir o mejorar prácticas y empatar prioridades personales con el interés colectivo es un proceso en constante contradicción con el sistema de valores individualistas y liberales. Por tal motivo es fundamental que el trabajo sindical de las células se enfoque en lograr que en cada centro de trabajo todos los obreros sean capaces de auto-organizarse, auto-regularse y auto-tutelarse.

Como vemos la independencia se alcanza cuando al interior de un sindicato los trabajadores aprenden a regular su convivencia y se organizan por cuenta propia para hacer valer sus derechos o defender sus intereses de clase. Desde otro punto de vista la autonomía se mantiene cuando la clase obrera es capaz de impulsar un proyecto social en concordancia con lo que piensa, dice y hace acerca de la democracia, el progreso y la libertad. Por consiguiente es crucial profesionalizar la actividad sindical .

En última instancia, cuando hablamos de un sindicato moderno estamos hablando de una organización clasista, democrática, unitaria e independiente, ya que sólo partiendo de esos principios se puede superar las prácticas obsoletas del sindicalismo corporativo, oportunista y de la burocracia disociada de la realidad que viven los trabajadores. Es por esto que un sindicato moderno además de atender las necesidades e intereses de sus afiliados o solucionar los conflictos laborales; se preocupa por formar nuevos dirigentes y garantizar el relevo generacional con la formación política de los más jóvenes y de todos los interesados en mantener la democracia y libertad sindical, con el único fin de suprimir el sistema de trabajo asalariado.

Finalmente tras exponer las razones por la cual los sindicatos modernos son en esencia clasistas y proponer en un sentido práctico una solución al problema de la democracia, unidad e independencia aún queda mucho por hacer si deseamos construir un sindicalismo distinto donde la democracia y libertad sean una realidad. Si bien lo dicho hasta aquí contribuye a delinear una ruta de trabajo es necesario que pongamos manos a la obra por que el tiempo apremia, pues como diría el general del ejército del sur, Emiliano Zapata:

 

“El que quiera ser águila vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no grite cuando lo pisen.”


[1] Paredes Macedo, Saturnino. Los sindicatos clasistas y sus principios. Edit. Bandera Roja. Lima, Perú. 1972. Pág. 2.

[2]Jaime, Lorena. Federación Sindical Mundial: ¿Qué es y qué quiere?, temas ideológicos y políticos del Movimiento Sindical Internacional: 16 discursos a cargo del Secretario General, George Mavrikos. Edit. Oficina Regional de la FSM para África. Segunda edición – 2016. Johannesburgo, Sudáfrica. Pág. 104

[3] Ibidiem. Pág. 123.

[4] Ibidiem. Pág. 122.              

sábado, 21 de noviembre de 2020

La vigencia del pensamiento de F. Engels en la praxis contemporánea.

Monumento de F. Engels del foro Marx-Engels en Berlín, Alemania.


La pretensión de este escrito es enriquecer los argumentos que, en ocasión del bicentenario de su natalicio, nos instan a rendir homenaje  al dirigente comunista Federico Engels. Así mismo se busca reivindicar su legado al recordar su valiosa contribución en la superación del socialismo utópico y robustecimiento del socialismo científico que fundó junto con Carlos Marx cuando se publicó por primera vez en 1848 el Manifiesto del Partido Comunista.

En ese sentido al interior del movimiento obrero la aportación teórica de F. Engels es de suma importancia, ya que sin su contribución la clase obrera no habría elevado su conciencia de clase a la altura de las circunstancias históricas del siglo XIX.

Algunas de sus contribuciones se refieren al esclarecimiento del problema de la vivienda; el descubrimiento de las causas de la miseria y degeneración de la clase obrera en Inglaterra; la sistematización de las leyes y categorías del materialismo dialéctico, así como su aplicación en diferentes ámbitos del conocimiento; y la demostración de la relación existente entre el movimiento mecánico más sencillo de la naturaleza y el movimiento social más complejo. Así mismo esta obra escrita, incluida la correspondencia, también sirvió de base para articular la estrategia de la 1ra y 2da Internacional. En efecto, la filosofía de este gran pensador socialista merece ser considerada un modelo teórico digno de estudiar e imitar, sin llevar la imitación a sus últimas consecuencias, para dar una explicación científica y crítica de la realidad actual. 

La filosofía es una concepción más sistemática, lógica y coherente de la realidad opuesta al sentido común que rige el comportamiento de la mayoría de la población. Por otro lado también se considera una reflexión de segundo grado que aborda los aspectos internos de las cosas que se alcanzan a experimentar a través de los sentidos. De ahí se infiere que para contar con principios firmes y congruentes sea necesario sistematizar los conocimientos adquiridos, desarrollar el razonamiento lógico y el pensamiento crítico.

Si bien Carlos Marx concibió el materialismo dialéctico F. Engels sentó las bases del sistema filosófico al dotarlo de un soporte científico sólido, ya que sus premisas y supuestos encuentran su comprobación y perfeccionamiento en los resultados de los diversos campos del conocimiento científico. Dichas contribuciones permitieron un desarrollo ulterior del materialismo dialéctico que superó con firmeza los errores metafísicos, mecanicistas y en última instancia religiosos de anteriores sistemas filosóficos de corte materialista e idealista.

Sobre esta filosofía es importante señalar que, como cualquier otra ciencia, su estudio requiere de orden, disciplina y constancia para poder asimilar a cabalidad lo que es; sus problemas fundamentales; sus diferencias respecto a las demás ciencias; entender lo que son la materia y la conciencia; las leyes fundamentales de la dialéctica, debido a que en conjunto revelan los aspectos más importantes y sustanciales del desarrollo y de la unidad del mundo; y las categorías del materialismo dialéctico, puesto que son conceptos que reflejan los nexos más generales  y esenciales de los objetos y fenómenos de la realidad.

Con relación a las leyes fundamentales de la dialéctica se debe precisar primero que la Ley de los cambios cuantitativos a cualitativos considera que la evolución se realiza primeramente de modo gradual, pero llega un momento en que el Ser se supera a sí mismo, y se produce un cambio de fase diferente a la anterior; luego, la Ley de la unidad y lucha de contrarios parte de que un Ser siempre contiene su propio contrario, con el cual entra en oposición y lucha; y, por último, la Ley de la negación de la negación considera que todo está en continuo devenir, en constante proceso de superación, no hay nada absolutamente estático, definitivo o sagrado.

En cuanto a las categorías filosóficas del materialismo dialéctico me gustaría dejar claro que además de elaborarse en la práctica social e histórica de la humanidad abarcan un mayor número de fenómenos de la realidad y son aplicables, sin excepción, a todos los objetos y fenómenos de la realidad. En otras palabras dichas categorías nos permite comprender las relaciones de causa-efecto; identificar de los fenómenos lo esencial; la interacción dialéctica de contenido y forma; la concatenación dialéctica de lo singular y general; el nexo entre necesidad y casualidad; y las relaciones mutuas de posibilidad y realidad, así como de su recíproca transformación. Es por tal motivo que dichas categorías filosóficas se diferencian de los conceptos habituales y de las categorías de determinadas ciencias.

En efecto, las leyes son el cimiento y las categorías el punto de apoyo de la teoría marxista del conocimiento que igualmente permite comprender el papel de la práctica y otras cuestiones relacionadas con la verdad. Sin embargo, todos estos instrumentos intelectuales de interpretación, análisis y crítica de la realidad no sirven de nada si jamás se llevan a la práctica.

Por tal motivo la correlación de lo anterior con la praxis concebida por el general Engels es de suma importancia, puesto que la filosofía del materialismo dialéctico orienta el pensamiento hacía la acción o práctica. En ese sentido la praxis concebida por la teoría marxista es una actitud práctica que quiere superar la mera contemplación del mundo mientras se conserva la teoría filosófica, pero en un plano superior, como es el hecho de llevarla a la práctica. En otras palabras el tipo de acción que buscó C. Marx y F. Engels fue justamente una acción guiada por la idea. Por tanto, el socialismo científico nos hizo transitar de la filosofía contemplativa a la filosofía de la praxis.

Dicho lo anterior esta acción guiada por la filosofía materialista dialéctica debe ser mediada por un proceso de toma de decisiones basado en evidencia científica para dar solución o respuesta a un problema, una dificultad o una duda,  ya que solo mediante el método científico es posible discernir entre la diversidad de juicios que se postulan como solución. De modo que adoptar una determinación basada en la ciencia significa elegir la mejor opción posible para resolver el asunto crítico en cuestión. En cambio no hacerlo de este modo aumenta el riesgo de consecuencias no deseadas en las operaciones de cualquier tipo de organización social. De ahí que no resulte sencillo elegir de entre varias opciones una alternativa que sirva de estrategia de intervención en el caso concreto y determinado por un contexto, pues si no contamos con el punto de vista adecuado difícilmente daremos al clavo. Es por esto que basándose en la ciencia no solo aprendes a organizar tus acciones individuales sino también las colectivas.

Por tanto, el mejor modo de saber si existe identidad entre la teoría y la práctica es midiendo los resultados de la actividad política de los miembros con base en las pautas y el programa de acción adoptados por la mayoría de una agrupación social.

En suma, declarar la vigencia de la filosofía de Federico Engels es reivindicar una de las elaboraciones intelectuales más sistemática, lógica y congruente del mundo en la historia del pensamiento filosófico y esto precisamente se debe a que “…la dialéctica es la forma de pensamiento más importante para las modernas ciencias naturales [sociales y humanistas], ya que es la única que nos brinda la analogía, y por lo tanto el método para explicar los procesos de desarrollo en la naturaleza, las concatenaciones en sus rasgos generales y el tránsito de un terreno a otro de investigación”[1]

Por tales motivos reivindicar el materialismo dialéctico como la proposición fundamental en la que hasta la fecha se ha basado el razonamiento de los grandes intelectuales del proletariado y otros continuadores que han enriquecido esta moderna concepción de la realidad no es más que reconocer el gran paso que ha dado la humanidad en la comprensión de las leyes que rigen los fenómenos sociales.

En conclusión, es imprescindible el estudio de la filosofía del General Federico Engels para guiarnos en el estudio científico y crítico de la lucha de clases, así como para evitar caer en cualquier falsificación de la realidad; pues solo así es posible lograr derrocar el poder de los monopolios, eliminar el sistema de trabajo asalariado e instaurar un régimen superior, que elimine la explotación del hombre por el hombre y traiga a esta tierra que nos sujeta la paz con justicia social. 

1] Federico Engels, Antidüring, Ediciones de Cultura Popular, México, 1980, pag. 319.

 

domingo, 11 de octubre de 2020

Un cerco más por romper (Parte 3)

Mural: Prometeo, José Clemente Orozco.

  

Entre la indigencia y el arribo a un legado cultural de más de 500 años de lucha social en México media una cárcel ideológica en forma de idiosincrasia que encierra con candado los anhelos de toda una nación; razón por lo cual se dificulta el progreso social de un pueblo rezagado por la desigualdad. De modo que es necesario encontrar la salida de esta cárcel y romper el candado para alcanzar nuestra libertad.

Para encontrar la salida de esta cárcel cabe mencionar que la idiosincrasia mexicana promovida por el gobierno y que reproduce el pueblo tiene como fin: engañar. El engaño ha consistido en falsificar la realidad y tergiversar el pasado para hacer creer a las masas algo que no es verdad y, a sus costillas, obtener un beneficio. Por ejemplo, se difundió durante mucho tiempo y ahora también que la corrupción es un problema moral de orden ético cuando en realidad es un problema social de orden económico. En otras palabras la corrupción tiene por motor el proceder utilitarista que, a su vez, es consecuencia del carácter mercantil del sistema económico capitalista. Es por esto que algunos consideran más fácil tranzar que cambiar el sistema para avanzar, pues la necesidad es capaz de vencer los principios sino se tiene claro la causa del problema.

No obstante la dinámica social, regida por el desarrollo de la lucha de clases, se opone a la subsistencia de los valores individualistas y liberales de la idiosincrasia mexicana. Con esto quiero decir que los usos y costumbres de relaciones sociales de producción que en un momento dado predominaron tras la conquista española y luego en la naciente república mexicana se han actualizado de acuerdo a la evolución del capitalismo en las diferentes partes del país, lo cual ha implicado la coexistencia de valores basados en dos puntos de vista antagónicos. Por un lado, la gran industria afianzó la idea del bienestar social basado en la propiedad privada y, por otro lado, la producción social allanó el terreno a la idea del bien común. En ese sentido, no es casualidad que las empresas con alta concentración de personal sean consideradas por los trabajadores un espacio idóneo para aprender a través del trabajo colectivo el verdadero significado de la solidaridad y la vida en comunidad; y que los jefes sean percibidos como los responsables de introducir a los nuevos en el régimen laboral y de expulsar a todo inconforme con las reglas del sistema de trabajo asalariado que dicta el patrón.

Con relación a la coexistencia dialéctica de formas opuestas de concebir el mundo cabe mencionar lo relacionado a la consciencia de clase en sí para sí, ya que transitar de la conciencia de clase “en sí” a la toma de conciencia de clase “para sí” implica ser consciente del lugar que se ocupa en las relaciones sociales de producción y también de la capacidad de organizar de manera consciente acciones a fin de cumplir con el papel histórico correspondiente. Lo anterior se resume en la frase: conócete tú mismo para ser quien eres. Así, por ejemplo, ocurrió en la revolución francesa de 1789 donde la burguesía dirigió a las masas en la lucha anti feudal para después tomar el poder del mismo modo que sucedió, posteriormente, en Rusia con la revolución de octubre de 1917 donde el proletariado dirigió la lucha contra el gobierno de transición de la burguesía e instauró la primera república socialista en la historia de la humanidad. En ambos casos tanto la burguesía como el proletariado demostraron ser conscientes de quienes eran y cuál era su deber,  tan es así que asumieron, en su respectivo país, el control político de la economía para dirigir a la sociedad de su tiempo.

De acuerdo con lo antes expuesto sobre la conciencia de clase me gustaría señalar que la idiosincrasia de la cultura popular mexicana es una visión del mundo que, además de basarse en más mentiras que verdades, vacila a favor de la clase dominante y en detrimento de las clases subalternas. En ese sentido las clases dominantes han puesto, a través de una política cultural, a su servicio el aparato estatal para mantener su dominación, hegemonía y el orden establecido que ha provocado la expansión de la extrema pobreza a causa de la concentración de la extrema riqueza en unas cuantas personas. 

Para ilustrar mejor los efectos de la idiosincrasia con relación a la distribución del ingreso entre lo que corresponde al pago del factor capital y lo que corresponde al pago del factor trabajo me remito al análisis realizado por el economista Gerardo Esquivel Hernández de 2015, donde señala la desigualdad extrema en la distribución del ingreso del siguiente modo:

 “Suele suponerse que esta distribución se mantiene estable a lo largo del tiempo. Sin embargo, […] durante los últimos 30 años ha habido un crecimiento paulatino de la participación del capital en el ingreso nacional, sí, pero al tiempo, una consecuente disminución de la participación del factor trabajo. A partir de 1981 y 2012, la participación del capital aumentó del 62% al 73% y la del trabajo disminuyó del 38% al 27%. Todo lo anterior favorece en 11 puntos porcentuales al ingreso nacional a favor del capital y a costa del trabajo. Las explicaciones del fenómeno tal pueden anclarse sea en un aumento considerable del tamaño del capital en México o bien, en un aumento en la capacidad de negociación de los dueños del capital para apropiarse de una porción mayor del valor agregado”.[1]

De conformidad con lo anterior, a mi juicio, el aumento considerable del tamaño del capital en México fue posible por  un cambio en la correlación de fuerzas que generó condiciones para una mayor capacidad de negociación de los dueños del capital.  El cambio en la correlación de fuerzas en detrimento del movimiento sindical y  en beneficio de los dueños del capital  se debió, en gran medida, al apoyo gubernamental que recibieron los empresarios para intervenir en la vida interna de los sindicatos con el propósito de controlar y corporativizar a los dirigentes e influenciar, desorganizar y confundir a la base.

 Por último y considerando que la idiosincrasia es una falsificación teórica de la realidad que ya no tiene cabida en la actualidad más que para perpetuar la desigualdad extrema hay que esbozar la situación de la clase obrera mexicana en el terreno ideológico. En nuestro caso particular la clase obrera se divide entre los que se encuentran más próximos a tomar conciencia de clase y los que no han superado el cerco ideológico, que representa la idiosincrasia mexicana. Por un lado, tenemos a un segmento de la clase obrera influenciado por el movimiento proletario independiente que reivindica, en un sentido libertario, el legado cultural de la histórica lucha de clases con el propósito de recoger las lecciones del pasado y, por otro lado, a quienes siendo influenciados por el gobierno de los monopolios y dueños de la gran industria reivindican la cultura de la sumisión y aceptación de la perpetua condición de esclavo moderno al viejo estilo de las haciendas.

En conclusión, considero necesario hacer una aproximación objetiva de nuestro pasado desde un enfoque historicista para romper el candado de esta cárcel ideológica, pues es el único modo de superar el cerco, que encierra nuestra intención de acercarnos al legado cultural de los grandes movimientos sociales, es cuestionando la historia escrita por los que han sacado provecho del engaño.
 


[1] Hernández Esquivel, Gerardo. Desigualdad extrema en México. Edit. OXFAM México. 2015. D.F. pág. 24-25.