Tarjeta informativa ejecutiva
Programa: Imperialismo en América Central y revoluciones
Texto base: Edelberto Torres-Rivas, “Centroamérica: revoluciones sin cambio revolucionario”, Nueva Sociedad Nro. 150, julio-agosto 1997, pp. 84-89.
Enfoque: Ciclo revolucionario centroamericano (1970-1990) y su desenlace.
1. Contexto y alcance del análisis
El texto de Torres-Rivas analiza el ciclo revolucionario centroamericano que se inició con las luchas guerrilleras en Guatemala y Nicaragua a comienzos de los años setenta.
Tuvo su momento culminante con la victoria sandinista en octubre de 1979 y con la toma de San Salvador por el FMLN en diciembre de 1989.
El ciclo termina con la derrota electoral del Frente Sandinista en febrero de 1990, los Acuerdos de Chapultepec (El Salvador, 1992) y los Acuerdos de Paz en Guatemala (1996).
La tesis central: en Centroamérica hubo revoluciones sin cambio revolucionario. Las amenazas al statu quo terminaron reforzándolo en toda la región.
2. Causas comunes y desarrollos distintos
Las causas de la desobediencia popular en Guatemala, El Salvador y Nicaragua fueron coetáneas, pero no obedecieron a las mismas causas ni tuvieron el mismo desarrollo.
Las unificó la voluntad antioligárquica, la definición de un enemigo común donde aparecían los intereses norteamericanos, y el hartazgo de la exclusión social, la dictadura militar y el rezago económico.
Nicaragua hizo el recorrido más completo de esa esperanza, que se frustró.
No hay lectura conspirativa de la historia: los ejemplos centroamericanos confirman que cada proceso tuvo su propia dinámica.
3. Nicaragua: la dictadura somocista como “sultanato”
El régimen de Somoza fue algo menos que una dictadura militar y más que un régimen personalizado en el carisma de Somoza el Viejo.
Se apoyó en el Partido Liberal y en la Guardia Nacional, criatura de la intervención norteamericana prolongada hasta 1933.
Weber distingue la dominación tradicional del sultanismo: poder personal autónomo, discrecional, donde los funcionarios son reclutados por lealtades personales y no por normas.
La familia Somoza manejaba el país como su propiedad más grande: confusión circular entre lo público y lo privado.
El Grupo Somoza constituía el sector empresarial más importante de Centroamérica; al ser expropiado, aproximadamente el 35% del PIB se producía en sus propiedades.
La dictadura no tenía mecanismos para una transición democrática dirigida desde adentro: no podía reformarse a sí misma, tenía que ser destruida violentamente.
4. El fin del somocismo y la victoria sandinista
El asesinato de Pedro Joaquín Chamorro (10 de enero de 1978) reforzó el frente antisomocista con fuerzas de la burguesía media y de la clase media profesional.
Somoza se fugó el 16 de julio de 1979, no por miedo militar, sino por el efecto desmoralizador de una conversación telefónica con el presidente Carter, quien le aconsejó renunciar.
La dictadura dejó de tener el apoyo norteamericano; eso precipitó su caída.
La Guardia Nacional se desmoralizó por su carácter de “guardia pretoriana”, devoción al jefe, lo que facilitó la entrada de los sandinistas a Managua el 19 de julio de 1979.
La victoria sandinista fue una hazaña extraordinaria por sus métodos y por la calidad de la derrota infligida: el colapso total del viejo régimen.
Tuvo efectos estimulantes, emocionales, militares y políticos para las guerrillas guatemalteca y salvadoreña, que iniciaron ofensivas a comienzos de 1980.
5. Los tres ejes del proyecto sandinista y sus fracasos
El proyecto revolucionario sandinista se articuló en tres ejes: economía mixta, democracia y no alineamiento.
No alineamiento: no hubo alineamiento militar, pero las relaciones con Cuba y el campo socialista fueron crecientemente estrechas; el petróleo, entrenamiento y ayuda material venían de la URSS y sostuvieron la economía después de 1984.
Democracia: los sandinistas la definieron en el universo de lo económico y social (escuelas, salud, vivienda, organización y movilización social). Toleraron con disgusto la oposición partidaria y empresarial. En octubre de 1984 hubo elecciones para Asamblea Constituyente y Presidencial, que ganó el FSLN frente a una oposición dividida.
Economía mixta: el mayor descalabro. La coexistencia entre gestión estatal y sector privado fue difícil desde el comienzo y se volvió imposible después. La reforma agraria entregó tierra a un 25% de campesinos. La economía entró en crisis y desembocó en una aguda descomposición después de 1986.
El programa revolucionario no tuvo nunca posibilidades de satisfacerse, aun cuando su contenido ya no tenía ningún propósito socialista.
6. La agresión externa y la “guerra de baja intensidad”
La “contra”, después llamada Resistencia Nacional, apareció en enero de 1981.
La agresión mercenaria tuvo éxito porque se propuso desgastar al régimen, desacreditarlo y lo logró.
El Congreso norteamericano otorgó 100 millones de dólares en junio de 1986 para sostener a más de 15.000 hombres peleando.
Años después, doña Violeta Chamorro solo recibió 80 millones para la reconstrucción del país.
En las condiciones de la “guerra de baja intensidad”, ni la democracia, ni la economía mixta, ni el no alineamiento podrían ser metas, banderas ni propósitos.
Con una inflación de 36.000% y un 60% de desocupados, la estrategia realista fue la sobrevivencia terminal.
7. El fin del ciclo: derrota electoral y paz negociada
En marzo de 1989, sandinistas y contra firmaron en Sapoá un trueque inevitable: elecciones en el menor plazo a cambio del desarme de los mercenarios.
En febrero de 1990, el FSLN perdió las elecciones. En ningún país del mundo un proyecto revolucionario se jugaba a los votos; normalmente una elección sirve para disputar el recambio de gobernantes, pero en Nicaragua se puso en competencia el destino del sistema mismo.
La derrota electoral del FSLN inicia el fin del amplio ciclo anticapitalista, que luego la insurgencia salvadoreña y guatemalteca ratifican al acordar el fin de los conflictos.
En El Salvador, el FMLN y el gobierno firmaron los Acuerdos de Chapultepec (1992); en Guatemala, la URNG y el gobierno firmaron la paz en 1996.
En ambos casos, la guerrilla obtuvo con la paz lo que no pudo con la guerra: comprometer cambios en el sistema político y social.
Al aceptar la inutilidad del conflicto, el FMLN y la URNG alteraron su esencia revolucionaria para convertirse en partidos cuya presencia a la izquierda del sistema político legitima el orden neoliberal.
8. Balance: ¿qué cambió y qué permanece?
En estos 25 años muchas cosas cambiaron en Centroamérica, pero la valoración analítica es divergente.
Los militares se desacreditaron y se redujeron hasta un 15% en Nicaragua, un 50% en El Salvador y un 33% en Guatemala.
La oligarquía y los dueños de la tierra experimentaron reformas drásticas en Nicaragua y El Salvador, y están teniendo una muerte política como ya sucedió en América Latina.
La democracia: ahora hay un importante proceso de desarrollo democrático, elecciones libres, competencia partidaria y activación de la sociedad civil.
El clima político favorece a los partidos de derecha, que vienen ganando todas las elecciones.
El Estado salió aún más debilitado frente a una burguesía que no quiere pagar impuestos; la crisis fiscal y la inopia del sector público complican la construcción de la paz.
Los ganadores son los banqueros y los dueños del capital especulativo, dentro de la prepotencia del mercado.
El Informe de Desarrollo Humano 1997 del PNUD muestra que la región centroamericana (salvo Costa Rica) continúa retrocediendo en los índices básicos de bienestar: hay ahora más pobres y se generalizó el malestar.
Las bases de la construcción democrática son endebles.
9. La interrogante maldita: el costo humano
Una estela de dolor y sacrificio fue la contribución de aquellos en cuyo nombre la guerrilla se alzó contra el orden establecido.
El texto deja una pregunta abierta: ¿valió la pena, para dejar en el camino 300.000 muertos, un millón de refugiados y 100.000 huérfanos?
No obstante, hay un cierto optimismo porque por vez primera, en cuatro países de la región, hay una generación que está viviendo una condición de paz, sin dictaduras ni autoritarismos.
Esa experiencia nueva tal vez alimente un poco de esperanzas.
10. Conexiones con el programa sobre imperialismo y revoluciones
El texto de Torres-Rivas complementa el análisis de Marco Gandásegui y el GT CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos” sobre la crisis de hegemonía y la transición a la dominación.
Permite entender por qué en Centroamérica las revoluciones no derivaron en cambios revolucionarios: la agresión externa, la debilidad del mercado interno, la ausencia de una burguesía nacional aliada y el peso de la deuda externa bloquearon los proyectos transformadores.
También muestra cómo Estados Unidos utilizó la “guerra de baja intensidad”, el embargo, el financiamiento de la contra y la presión diplomática para revertir los procesos revolucionarios.
La tesis de “revoluciones sin cambio revolucionario” es una clave para pensar el ciclo centroamericano y sus secuelas: pobreza, migración, violencia y Estados débiles.
Preguntas para el programa: ¿Qué continuidades hay entre la derrota sandinista de 1990 y el hostigamiento actual a Nicaragua? ¿Cómo se relaciona el ciclo revolucionario centroamericano con la crisis de hegemonía de EE.UU.? ¿Qué lecciones deja para los movimientos sociales y políticos de hoy?
11. Citas textuales de apoyo
“Las graves amenazas al statu quo terminan reforzándolo en toda la región.”
“La revolución se consume a sí misma.”
“Las dictaduras de este tipo no tienen mecanismos para una transición democrática dirigida desde adentro. No pueden reformarse a sí mismas… Tienen que ser destruidas violentamente.”
“En ningún país del mundo un proyecto revolucionario se juega a los votos.”
“En esta región, todos perdimos.”
“¿Valió la pena, para dejar en el camino 300.000 muertos, un millón de refugiados, 100.000 huérfanos?”
12. Referencia
Torres-Rivas, Edelberto. (1997). “Centroamérica: revoluciones sin cambio revolucionario”. Nueva Sociedad, Nro. 150, julio-agosto, pp. 84-89
https://static.nuso.org/media/articles/downloads/2612_1.pdf
Tarjeta informativa ejecutiva
Programa: Imperialismo en América Central y revoluciones
Enfoque: Marco A. Gandásegui, hijo, y el Grupo de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”
Periodo eje: Ola revolucionaria de posguerra, Revolución Cubana, 9 de enero de 1964 en Panamá, Chile 1960-1973, teoría de la dependencia y luchas antiimperialistas en el istmo y el Caribe.1. Marco Gandásegui como sujeto y testigo del ciclo revolucionario
Nació en Panamá en 1943, el mismo año de la victoria soviética en Stalingrado, hecho que abrió la ola revolucionaria antifascista y anticolonial de posguerra.
Su vida y su obra están atravesadas por dos acontecimientos fundacionales: la Revolución Cubana y el levantamiento popular antiimperialista del 9 de enero de 1964 en Panamá.
Se formó como periodista y sociólogo en Chile, en pleno hervidero revolucionario de los años sesenta, y luego se convirtió en un intelectual orgánico del pueblo panameño y latinoamericano.
Fundó o impulsó el CELA “Justo Arosemena”, la revista Tareas, el Departamento de Sociología de la Universidad de Panamá y el GT CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”.
2. Contexto global: la ola revolucionaria de posguerra
La victoria soviética en Stalingrado (1943) inició un avance revolucionario que solo se detuvo en Berlín (1945), aplastando al fascismo y fortaleciendo movimientos comunistas y de resistencia en Europa.
Los acuerdos de Yalta y Potsdam repartieron el mundo en áreas de influencia, pero el impulso antifascista dio paso a victorias democráticas y sociales: Estado de bienestar, ONU y Declaración Universal de los Derechos Humanos.
La Revolución China (1949), la independencia de India (1947) y Vietnam (1946), y las luchas de Argelia y el Congo extendieron la marea revolucionaria por Asia, Medio Oriente y África.
América Latina no escapó a ese espíritu de época: los populismos de Perón, Vargas, Cárdenas y Arbenz impulsaron reformas sociales y nacionalizaciones, pero fueron frustrados por golpes de Estado y represiones oligárquicas apoyadas por EE.UU.
3. La Revolución Cubana como parteaguas
El asalto al Cuartel Moncada (1953) y el triunfo revolucionario de 1959, liderado por Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio, derrocaron la dictadura de Fulgencio Batista.
Fue un parteaguas para la juventud latinoamericana y caribeña: inspiró movimientos como el alzamiento de Cerro Tute en Panamá y marcó definitivamente a Marco Gandásegui.
La Revolución Cubana puso en cuestión dos esquemas dominantes: la “revolución por etapas” de los partidos comunistas prosoviéticos y la “teoría desarrollista” de la CEPAL.
Los hechos cubanos parecían dar razón a Trotsky: las burguesías semicoloniales no podían enfrentar al imperialismo, y le tocaba a la clase trabajadora liderar una revolución permanente que combinara demandas democráticas (reforma agraria, independencia nacional) con elementos socialistas (nacionalización de la gran industria).
Cuba fue excluida de los organismos multilaterales del continente desde comienzos de los sesenta por su decisión de implementar una política revolucionaria y comunista.
4. Panamá y el 9 de enero de 1964: revolución popular antiimperialista
El 9 de enero de 1964 marcó un antes y un después en la historia panameña: fue una revolución popular antiimperialista contra la presencia militar estadounidense en la Zona del Canal.
La lucha por la soberanía panameña se vio influida por la nacionalización del Canal de Suez por Gamal A. Nasser en 1955, que impactó la conciencia popular.
Desde 1958 se produjo en Panamá un movimiento sostenido de jóvenes y estudiantes que protagonizaron luchas antimilitaristas, democráticas y de liberación nacional.
La obra intelectual y la militancia de Gandásegui están cruzadas por “el gran problema” de la nación panameña: el final del enclave colonial y la plena soberanía con el fin del Tratado Hay-Bunau Varilla.
El CELA y la revista Tareas, dirigidos por Marco Gandásegui y Ricaurte Soler, hicieron de esa lucha intelectual y militante su norte.
5. Chile 1960-1970: laboratorio revolucionario y reformista
El Chile al que llegó Gandásegui era un hervidero revolucionario: movimiento obrero fuerte, partidos socialista y comunista con apoyo electoral, y una nueva izquierda guevarista y castrista agrupada en el MIR.
La Democracia Cristiana de Eduardo Frei Montalva disputaba la hegemonía con la izquierda, y la radicalización produjo una ruptura por la izquierda: el MAPU, que convergió en la Unidad Popular de Salvador Allende.
En menos de diez años, Chile pasó de un gobierno conservador (Alessandri) a uno demócrata cristiano (Frei) y luego al socialista Allende (1970), graficando la radicalización política de la sociedad.
Marco estudió Periodismo en la Universidad de Chile, fue presidente del centro de estudiantes y participó en la lucha contra la ley mordaza del gobierno de Alessandri (1963).
Allí nació su vocación por la sociología y su compromiso político; luego hizo su maestría en FLACSO, donde adoptó la teoría de la dependencia y se vinculó con Vania Bambirra, Theotonio Dos Santos y, más tarde, Claudio Katz.
El golpe de Estado de 1973 en Chile conmovió la solidaridad latinoamericana; Panamá fue plataforma de solidaridad y en 1975 llegó un contingente de exiliados chilenos por intermediación del gobierno de Torrijos.
6. Teoría de la dependencia y marxismo renovado
Frente a los viejos esquemas analíticos, la Revolución Cubana y los procesos latinoamericanos exigieron una interpretación nueva: la teoría de la dependencia, la dialéctica de la dependencia y el sistema-mundo.
Marco Gandásegui se formó en los mejores círculos académicos del Norte y del Sur: FLACSO, SUNY-Binghamton, Immanuel Wallerstein, Giovanni Arrighi y Aníbal Quijano.
Su marxismo fue renovado, ajeno al dogmatismo, y combinó a Marx, Lenin y Gramsci con autores como Wright Mills, Samir Amin, Edward Said y Theotonio Dos Santos.
Insistió en que la crisis de hegemonía no es un problema abstracto entre naciones o Estados, sino que deben analizarse las clases sociales, la estructura de poder y los actores concretos.
Su primer gran estudio, La concentración del poder económico en Panamá (1964), fue pionero en el análisis de clases en el país.
7. Centroamérica y el Caribe: intervención, revolución y resistencia
Estados Unidos utilizó la “restauración de la democracia” y la “lucha contra el narcotráfico” como pretextos para intervenir en la región, como en la invasión a Panamá de 1989.
El bloqueo contra Cuba, las sanciones contra Venezuela y el hostigamiento a Nicaragua son formas de injerencia, amenaza y chantaje contra gobiernos que buscan no subordinarse.
Washington apoyó golpes de Estado en Honduras (2007) y Paraguay (2012), pero sufrió un rechazo en Venezuela (2002) gracias a una masiva movilización popular.
Los planes Mérida y Colombia profundizaron conflictos internos en México y Colombia, con un costo enorme en vidas humanas y compra de armas.
La Alianza del Pacífico fue un intento de amarrar a América Latina y el Caribe a los proyectos estadounidenses en Asia y Oceanía.
El CELA se convirtió en un espacio de denuncia de la invasión y de solidaridad con refugiados y exiliados; varios números de Tareas se dedicaron a testimonios de sobrevivientes y familiares de las víctimas.
8. Del ciclo revolucionario al GT CLACSO y a la crisis de hegemonía
El GT CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos” se creó en 2004, en un contexto de ascenso de Hugo Chávez, derrota del ALCA en Mar del Plata (2005) y auge de gobiernos progresistas.
Su hipótesis central fue la crisis de hegemonía de EE.UU. y su transición de la hegemonía a la dominación: uso de la fuerza, sanciones, aranceles, embargos y guerras.
Marco Gandásegui insistió en estudiar a Estados Unidos desde una perspectiva latinoamericana y antiimperialista, combinando historia, contemporaneidad y análisis de clases.
El GT publicó seis libros y 12 boletines, y en 2025 suma un séptimo libro junto al GT “China y el mapa de poder mundial”.
Hoy, con Trump 2.0, sus análisis cobran vigencia: aranceles, anexionismo, amenazas sobre el Canal de Panamá, contención a China y desglobalización.
9. Citas y ejes para el programa
“La política no se comporta como las mareas… La política es el resultado de las luchas entre los diferentes sectores sociales” (Gandásegui).
“Para comprender cómo funciona el imperialismo… tienen que leer y conocer al adversario” (Atilio Borón).
“La crisis de hegemonía de Estados Unidos es global, pero su agudización se produce dentro de sus propias fronteras” (Castillo y Gandásegui).
“Otro mundo es posible” (lema del III Foro Social Mundial, Porto Alegre).
Preguntas guía: ¿Cómo se manifestó el imperialismo en el ciclo revolucionario centroamericano y caribeño? ¿Qué continuidades y rupturas hay entre la Guerra Fría y Trump 2.0? ¿Qué papel jugaron las revoluciones y resistencias en el istmo? ¿Cómo se articulan soberanía, integración regional y multipolaridad?
10. Referencias clave del volumen
Gandásegui, M. A. (Coord.). Crisis de hegemonía de Estados Unidos. CLACSO, 2007.
Gandásegui, M. A. y Castillo, D. (Coords.). Estados Unidos: la crisis sistémica y las nuevas condiciones de legitimación. CLACSO, 2010.
Gandásegui, M. A. (Coord.). Estados Unidos y la nueva correlación de fuerzas internacional. CLACSO, 2016.
Gandásegui, M. A. (Coord.). Estados Unidos contra el mundo: Trump y la nueva geopolítica. CLACSO, 2018.
Morgenfeld, L. y Aparicio, M. (Coords.). El legado de Trump en un mundo en crisis. CLACSO, 2021.
VV.AA. Marco Antonio Gandásegui, hijo: pensamiento y memoria ante Nuestra América. CLACSO, 2025.
https://centroinvestigacionhumanidades.up.ac.pa/sites/centroinvestigacionhumanidades/files/2026-04/Marco%20Gand%C3%A1segui%20pensamiento%20y%20memoria.pdf