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| Mural: Prometeo, José Clemente Orozco. |
Entre la indigencia y el arribo a un legado cultural de más de 500 años de lucha social en México se interpone una cárcel ideológica en forma de idiosincrasia que encierra con candado los anhelos de toda una nación; razón por la cual se dificulta el progreso social de un pueblo rezagado por la desigualdad. De modo que es necesario encontrar la salida de esta cárcel y romper el candado para alcanzar nuestra libertad.
Para encontrar la salida de esta cárcel cabe mencionar que la idiosincrasia mexicana promovida por el gobierno y que reproduce el pueblo tiene como fin engañar. El engaño ha consistido en falsificar la realidad y tergiversar el pasado para hacer creer a las masas algo que no es verdad y, a sus costillas, obtener un beneficio. Por ejemplo, se difundió durante mucho tiempo y ahora también que la corrupción es un problema moral de orden ético cuando en realidad es un problema social de orden económico. En otras palabras la corrupción tiene por motor el proceder utilitarista que, a su vez, es consecuencia del carácter mercantil del sistema económico capitalista. Es por esto que algunos consideran más fácil tranzar que cambiar el sistema para avanzar, pues la necesidad es capaz de vencer los principios si no se tiene claro la causa del problema.
No obstante la dinámica social, regida por el desarrollo de la lucha de clases, se opone a la subsistencia de los valores individualistas y liberales de la idiosincrasia mexicana. Con esto quiero decir que los usos y costumbres derivados de las relaciones sociales de producción que en un momento dado predominaron tras la conquista española y luego en la naciente república mexicana se han actualizado de acuerdo con la evolución del capitalismo en las diferentes partes del país, lo cual ha implicado la coexistencia de valores basados en dos puntos de vista antagónicos. Por un lado, la gran industria afianzó la idea del bienestar social basado en la propiedad privada y, por otro lado, la producción social allanó el terreno a la idea del bien común.
En ese sentido, no es casualidad que las empresas con alta concentración de personal sean consideradas por los trabajadores un espacio idóneo para aprender a través del trabajo colectivo el verdadero significado de la solidaridad y la vida en comunidad; y que los jefes sean percibidos como los responsables de introducir a los nuevos en el régimen laboral y de expulsar a todo inconforme con las reglas del sistema de trabajo asalariado que dicta el patrón.
Con relación a la coexistencia dialéctica de formas opuestas de concebir el mundo cabe mencionar lo relacionado a la conciencia de clase "en sí" y "para sí", ya que transitar de la conciencia de clase “en sí” a la toma de conciencia de clase “para sí” implica ser consciente del lugar que se ocupa en las relaciones sociales de producción y también poseer la capacidad de organizar conscientemente acciones a fin de cumplir con el papel histórico correspondiente. Lo anterior se resume en la frase: conócete tú mismo para ser quien eres. Así, por ejemplo, ocurrió en la revolución francesa de 1789 donde la burguesía dirigió a las masas en la lucha anti feudal para después tomar el poder del mismo modo que sucedió, posteriormente, en Rusia con la revolución de octubre de 1917 donde el proletariado dirigió la lucha contra el gobierno de transición de la burguesía e instauró la primera república socialista en la historia de la humanidad. En ambos casos tanto la burguesía como el proletariado demostraron ser conscientes de quienes eran y cuál era su deber, tan es así que asumieron, en su respectivo país, el control político de la economía para dirigir a la sociedad de su tiempo.
“Suele suponerse que esta distribución se mantiene estable a lo largo del tiempo. Sin embargo, […] durante los últimos 30 años ha habido un crecimiento paulatino de la participación del capital en el ingreso nacional, sí, pero al tiempo, una consecuente disminución de la participación del factor trabajo. A partir de 1981 y 2012, la participación del capital aumentó del 62% al 73% y la del trabajo disminuyó del 38% al 27%. Todo lo anterior favorece en 11 puntos porcentuales al ingreso nacional a favor del capital y a costa del trabajo. Las explicaciones del fenómeno tal pueden anclarse sea en un aumento considerable del tamaño del capital en México o bien, en un aumento en la capacidad de negociación de los dueños del capital para apropiarse de una porción mayor del valor agregado”.[1]
De conformidad con lo anterior, a mi juicio, el aumento considerable del tamaño del capital en México fue posible por un cambio en la correlación de fuerzas que generó condiciones para una mayor capacidad de negociación de los dueños del capital. El cambio en la correlación de fuerzas, en detrimento del movimiento sindical y en beneficio de los dueños del capital, se debió, en gran medida, al apoyo gubernamental que recibieron los empresarios para intervenir en la vida interna de los sindicatos con el propósito de controlar y corporativizar a los dirigentes, así como de influenciar, desorganizar y confundir a la base.
Por último, considerando que la idiosincrasia es una falsificación teórica de la realidad que ya no tiene cabida en la actualidad, excepto para perpetuar la desigualdad extrema, esbozo la situación de la clase obrera mexicana en el terreno ideológico. En nuestro caso particular, la clase obrera se divide entre los que se encuentran más próximos a tomar conciencia de clase y los que no han superado el cerco ideológico, que representa la idiosincrasia mexicana. Por un lado, tenemos un segmento de la clase obrera influenciado por el movimiento proletario independiente que reivindica, en un sentido libertario, el legado cultural de la histórica lucha de clases con el propósito de recoger las lecciones del pasado. Por otro lado, están quienes, siendo influenciados por el gobierno de los monopolios y dueños de la gran industria, reivindican la cultura de la sumisión y la aceptación de la perpetua condición de esclavo moderno al viejo estilo de las haciendas.
[1] Hernández Esquivel, Gerardo. Desigualdad extrema en México. Edit. OXFAM México. 2015. D.F. pág. 24-25.

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